domingo, 2 de octubre de 2011

DEL 15-M, DE LA LAICIDAD Y DE LA NEUTRALIDAD INSTITUCIONAL


Una de las razones esenciales por las que se defiende la laicidad es por garantizar la neutralidad del Estado y de los espacios públicos en lo tocante a las manifestaciones de carácter religioso.

Pero, no es que se considere injusto que “lo religioso”, en su carácter de tal (es decir, en su carácter de creencia en torno a una deidad), tenga una manifestación pública, o que una determinada creencia religiosa tenga una expresión pública en detrimento de otras o prevalente en relación a otras.

No. No es cuestión del carácter religioso de esa creencia. El laicismo, que en efecto se acota en torno a la neutralidad absoluta del Estado y sus instituciones en relación a las creencias religiosas, no es más que un aspecto (circunscrito en este caso al hecho religioso), de un principio anterior y que es el que verdaderamente lo justifica y lo legitima: LA NEUTRALIDAD DEL ESTADO, DE SUS INSTITUCIONES EN RELACIÓN A CUALQUIER CREENCIA, IDEOLOGÍA, O MODELO INTERPRETATIVO DE LA REALIDAD.

Este enunciado, evidencia de Perogrullo, no lo es tanto según observamos el comportamiento de muchos colectivos, que se rasgan las vestiduras exigiendo neutralidad del Estado, pero solo cuando se trata de neutralizar al oponente religioso, o ideológico.

Tal es el caso de la falta de criterios, bien sazonada con incultura, fanatismo (ceguera ideológica o religiosa), que esos colectivos fácilmente caen en contradicciones sorprendentes (y digo sorprendentes porque, siendo tan evidentes, uno no puede entender que no lo sean para quienes caen en esos despropósitos. Salvo, claro, si hay un odio y un fanatismo enceguecedor. Y aquí sí hay un temible peligro).

Digo que caen en contradicciones tan sorprendentes como vociferar a favor del laicismo (por cierto, yo soy laicista; que nadie se llame a engaño), y a la vez imponer, contra todo respeto a las garantías de neutralidad que exigen ellos mismos en los espacios públicos, símbolos, pancartas, consignas y todo tipo de manifestaciones gestuales e iconográficas en los espacios públicos, apropiándose de los mismos, sin el más mínimo miramiento hacia los demás.

Aquellos que critican las manifestaciones públicas de los religiosos, amparándose en que se falta a las garantías de neutralidad de los espacios públicos, no tienen empacho en manifestar públicamente también, sus concepciones agnósticas, ateas o sus ideologías anticlericales, olvidándose que ello mismo es una manifestación de solo un sector de la población, faltando del mismo modo a la neutralidad de los espacios públicos, invadiéndoles de igual manera y allanándolos con sus signos anticlericales.

Y aquí estamos con el famoso 15-M, movimiento que, en sus inicios, despertó todas nuestras simpatías cuando fue un movimiento ciudadano espontáneo, sin color político, arrojado a la calle de todos y cuando éramos todos los ciudadanos indignados con la clase política y ante una estructura que nos ha despojado a todos (derechas, izquierdas, creyentes, agnósticos, ateos) de nuestros derechos políticos (entre otras muchas cosas más).

Pero, en el momento y hora que se fue infiltrando para ser dominado y dirigido por determinados movimientos ideológicos y re-direccionado a consecuentes propósitos políticos, ya no puede ser considerado un movimiento que represente a toda la ciudadanía. Es el movimiento de ciertos grupos ciudadanos con determinadas ideologías. No representan pues, ni aglutinan pues, a toda la ciudadanía. Ni siquiera ya a la mayoría. Una mayoría que, en un principio, si EL 15-M no se hubiera ideologizado hacia un espectro de la banda política al uso de este país (y que resulta, al fin, más de lo mismo), hubiera persistido en mantenerse nucleada, organizada y hubiera, tal vez, logrado doblegar a las fuerzas políticas de este país.

¿Os imagináis toda la ciudadanía, apiñada, aglutinada, sin importarles si de derechas, si de izquierdas, si creyentes o ateos, si vascos, catalanes o castellanos, todos unidos contra el despilfarro, la corrupción, la falta de derechos políticos, la auténtica reforma constitucional para que esa ciudadanía recupere y le sean reconocidos esos derechos políticos?

El 15-M prefirió seguir la senda anti-papa, anti-desahucio demagógico, anti-sistema, y con posiciones morales adversas, antitéticas a las posiciones morales de otros importantes sectores de la ciudadanía y con toda una retahíla de lugares comunes de una ideología que ya conocemos todos y a la que cada día creemos menos. Ha desaprovechado su inicial capacidad de unir a toda la ciudadanía en torno a cuestiones que nos afectan a todos en lo tocante a los derechos políticos y la democracia y ha vuelto la desesperanza para aquellos que llegaron a creer que, por fin, había ciudadanía y no esa fractura social sempiterna, guerrocivilista, de las dos irreconciliables Españas, que tan buenos réditos ha venido dando a la clase política de este país.

La gran aspiración, ciudadano que me lees, es que imagines y trabajes en torno a la pregunta que acabo de haceros… ¿Imagináis a toda la ciudadanía, con independencia de ideologías y credos, de territorios y lenguas, todos juntos, una piña, contra la casta política, el despilfarro, la corrupción, la falta de derechos políticos amparada por una Constitución deficiente, olvidándonos de todo lo demás, de aquello en lo que se aprovechan los dirigentes para mantenernos desunidos y gobernarnos conforme sus más mezquinos intereses ? Entonces sí que asumiríamos que se trata de una rebelión democrática, de todos y para todos los ciudadanos. Entonces no sería faltar a la neutralidad debida en los espacios públicos, porque seríamos toda la ciudadanía tomándonos el espacio de todos, nuestro espacio, el espacio de la sociedad tomado por la sociedad.

¡¡CIUDADANOS, TODOS A POR NUESTROS DERECHOS POLÍTICOS!!

sábado, 9 de abril de 2011

SOSTRES, LOS NUEVOS INQUISIDORES Y LA NUEVA CENSURA


Muchos de los cometarios de Sostres no me gustan. Es más: algunos son bastante recriminables (no todo, ya que nadie es perfecto o imperfecto en su totalidad). Pero hay algo que no debemos tolerar…: Que se conculque la libertad de opinión, de prensa. Si algunos reclamamos tolerancia “0” para la violencia (de cualquier tipo, porque el delito es en sí la violencia), parece ser que somos menos los que reclamamos tolerancia cero a cualquier forma de censura, aunque se digan cosas que no compartimos para nada y que, además, consideramos perniciosas.

Porque si la razón de permitir censura es considerar legítimo amordazar a quienes tienen valores y formas de pensar y sentir distintas a las propias (lo que implica a su vez, considerar y asumir de manera absoluta que solo los valores, pensamientos y sentimientos propios son los válidos), entonces, por mera coherencia, se estará reconociendo el derecho a que otros ejerzan, del mismo modo, y por el mismo motivo, esa misma censura sobre aquello que no se corresponde con su modo de ser, pensar, valorar y sentir.

La fuerza de la razón, la verdad y la justicia no están en censurar, prohibir, acallar, silenciar. Si un cantamañanas dice una tontería, pues está en su derecho hacerlo. Allí estaremos los demás para saber contestar, argumentar y dejar el mensaje soez, la estulticia, la perversidad a la altura que se merecen.
No me gustan las reacciones que piden censurar a este señor. De prohibirle hablar. Eso hacen todas las dictaduras que asumen ser la fuente de la verdad, la justicia, la razón y con ello encuentran legítimo silenciar, perseguir y encarcelar a sus oponentes.

No estoy de acuerdo pues con lo que se propone en torno al artículo y la persona en cuestión. Linchamiento y censura ¿Y nos llamamos demócratas? Porque es muy fácil llamarnos demócratas cuando se trata de que nos dejen hablar a nosotros y dejar hablar a aquellos que piensan como nosotros. Y llamamos tiranos a quienes nos quieren acallar. Pero si lo piensa bien el demócrata, se debe dar cuenta que el ejercicio real, la prueba de fuego de su auténtica actitud democrática, está cuando debe enfrentarse a aquel que se le opone en discurso y valores. Si no la democracia que proclama es puro cuento. La manga ancha para mí y angosta para el prójimo. No es serio.

Cuando me enteré de la noticia, quise ir a la fuente de la misma. Y eso es lo que no consiento. Eso es lo que no podemos consentir: Que alguien o un grupo de presión decida por mí qué debo y que no debo leer. Me sentí violado y agredido en mi derecho a saber por mí mismo. De juzgar por mí mismo. De conocer de primera mano el texto sin que nadie me lo contara y pudiera darme una visión tergiversada con buena o mala intención.

Desde aquí me gustaría demandar a todo el sistema que puede hoy por hoy privarme de ese derecho a leer lo que me dé la gana, como a escribir y expresar mi opinión, por muy imbécil que le parezca a otro. Soy un ciudadano vejado en mi libertad. Vejado, humillado y privado de mis derechos.

Leo titulares y me quedo estupefacto:
La Fiscalía contra la violencia de Género estudiará si el artículo de Sostres en el que justifica el asesinato de una joven incurre en delito.

Menos mal que he leído el artículo porque google es aún el reducto de las libertades y salvó de la quema nazi estos textos. Dice:

Ni puedo justificar ni justifico un asesinato, ni cualquier forma de maltrato tenga consecuencias más leves o más graves. No pienso que haya causas morales que puedan justificar matar a alguien, ni que puedan servir siquiera de atenuantes en el juicio. Digo que a este chico le están presentando como un monstruo y no es verdad. No es un monstruo. Es un chico normal que se rompió por donde todos podríamos rompernos


Sostres lo dice claramente. No lo acepta, no lo justifica, no hace apología del “terrorismo,” como han dicho algunas personas, desgarrándose las vestiduras, con una exageración solo posible cuando de saca de contexto y de sentido el discurso del articulista. Una reacción que solo puede ser explicada por la vehemencia del fanatismo o intereses innobles (todo lo que no obedece a la verdad es innoble).

Sostres agrega: “El chico se rompió por donde todos podríamos rompernos”… ¿Y es eso falso…? ¿Alguien de verdad, con honestidad, se siente libre de pecado y puede lanzar la primera piedra? ¿Alguien puede aseverar que, en un momento crítico emocional (la madre o el padre frente al violador de su hija o hijo, por ejemplo), no perdería los nervios y se abalanzaría sobre el asesino para matarlo con furia? Cualquiera, hombre o mujer, podemos caer en el descontrol de nuestras pasiones, conmociones. Rompérsenos los frenos ¿Qué ha dicho Sostres de verdad que no sea cierto?

Me asusta el grado de ceguera, fanatismo, retorcimiento de quienes a pesar de leer esto, han sido incapaces de leerlo en su intención y lo han deformado hasta decir todo lo contrario de lo que dice. Estamos ante un estado de locura. Y lo que es peor, amparada por las instituciones políticas, judiciales y los medios de comunicación, con lo cual se siente el mismo peligro que podría haber sentido un judío en tiempos del nazismo, cuyo fanatismo negaba lo evidente y contagió (por intereses o por miedo, y mucho por ignorancia) a toda una sociedad. Tengo miedo.

Comprender una realidad psicológica y emocional no significa justificarla. Es simplemente hacer un ejercicio antropológico, psicológico y de empatía. Este señor comienza por no justificar el asesinato. Solo intenta mostrar las causas que nos lo hacen comprensible. Todo tiene su causa, su lógica. Es la labor de un psicólogo cuando quiere comprender para ayudar a una psique. Nadie diría de un psicólogo que comprende la lógica del razonamiento de un psicópata, que está haciendo apología de la psicopatía.

El machismo es un comportamiento, un conjunto de valores, una forma de pensar y sentir cultural, acerca del rol y la relación entre hombre-mujer. Querer ver perversidad en un machista es no entender la existencia de modelos culturales y ponernos en la misma tesitura de un talibán, de un beato mea pilas que juzgaba desde una moral incapaz de comprender que existen paradigmas, modelos, procesos de enculturación que hacen que las personas tengan referencias, modelos, patrones, valores y sentires arraigados. Es una visión mezquina, PEQUEÑA, maniquea de la realidad. Y me temo que es una visión propia del fanatismo moral, religioso y político.

Algo habrá que preguntarse cuando una persona presiente el temor de escribir lo que piensa. Ese miedo a las consecuencias por causa de una sociedad instalada en la intolerancia, afanada fanáticamente en imponer unos criterios con el revanchismo de quien se ha sentido y ha sido víctima de otra intolerancia. Pero esta actitud enferma a nuestra democracia, nos hace una sociedad enferma, podrida de dogmatismo e injusticias.

Sostres dijo que el chico no era un monstruo, sino una persona normal…No quiso decir otra cosa que reconozcamos que las pasiones humanas existen, y que una persona, al límite de sus emociones, las descontrola. No quiso decir que ello fuera bueno. Jamás puede ser bueno desatar las pasiones. Si no somos capaces de reconocer esto, no seremos capaces de enfrentar ningún problema de comportamiento (machista o de cualquier otro orden), porque mal se resuelve aquello que no comienza por enfocar el problema admitiendo la realidad. Entonces la solución será siempre ficticia. Sostres lo único que ha señalado es lo que por otra parte, se ha pasado por alto en la vehemencia del fanatismo, aquello que, paradójicamente, esos y esas que se rasgan hoy las vestiduras, aplauden en la ópera, en esas escenas terribles de Canio (Pagliacci, de Leoncavallo), Otelo (Verdi), Rigoletto (Verdi también) por citar los más famosos. Creo que, a partir de ahora, la corrección política, la nueva censura, tendrá que quemar los libretos de Leoncavallo, Arrigo Boito y Francesco María Piave y prohibir la representación de estas óperas por apología de la violencia machista.

A pesar de la persecución de las nuevas y nuevos Torquemada y sus inquisiciones, de grupos de poder bien organizados y orquestados, que han logrado crear intereses dentro de los partidos y en consecuencia, filtrar en forma de moral sus perversos fanatismos, aprovechando todos los medios y recursos de difusión, yo publicaré este artículo, y tendré que ser denunciado, perseguido, condenado y encarcelado por apologista de la mesura, porque ahora la nueva tiranía, el nuevo dogma, el nuevo catecismo, comienza a construir al nuevo judío, al hombres, y ha logrado instalar la culpa, la sospecha, el miedo en la sociedad sobre los hombres. No podemos defendernos, porque ¿¡que va a decir un hombre!? Pues eso... ¡hombre tenía que ser y por eso dice lo que dice!

Y debe constar que jamás en toda mi vida, porque vengo de un entorno social y familiar perseguido desde muy remoto, se me ha pasado por la mente que una mujer pueda ser menos que un hombre, jamás he pensado que tenga menos capacitación o capacidad para nada (inclúyase la música, la pintura –donde especialmente han sido marginadas y despreciadas- y demás artes, la física, la química, la medicina, la dirección empresarial o de cualquier otro tipo (sea también la dirección de orquesta. Vaya mi homenaje a Simone Young), la literatura y la poesía, la bondad, la paz, la guerra y la perversión, el sadismo y la crueldad)1 , porque siempre he partido que en esta materia, el sexo es una anécdota. Siempre he hablado de seres humanos. También hay pasiones en ellas que hoy se achacan a la “violencia machista”. Recuérdese el caso de Medea. Porque eso es lo que venía a decir el pobre Sostres: las pasiones humanas existen, son parte consustancial del ser humano (hombre o mujer). Y reconocerlo no es hacer apología de nada. Es comenzar por reconocer la condición humana y a lo que puede llegar en la ofuscación (incluso puede llegar a condenar al señor Sostres a una metafórica hoguera, aunque no menos dolorosa y vejatoria).

Si esto sigue adelante, haré campaña porque sea revisada toda la literatura y la lírica y la cinematografía para eliminar de bibliotecas, filmotecas y escenarios, todas las obras que hasta aquí hemos aplaudido como sentidas tragedias (García Lorca incluido…y que se cuide Almodóvar, que Doña Lidia Falcón –a quien admiro y respeto en muchos de sus planteamientos- ya le ha puesto en el índice de los machistas más execrables de este país). Vamos a hacer la pira de Berlín.

Leo y releo el artículo de Sostres y nada leo en él como apología a la violencia, al terrorismo machista, al perdón de un crimen, a la justificación del mismo. Leo a una persona que nos dice que por desatar las pasiones que tenemos, no podemos ser llamados monstruos. Pero deja claro que esas pasiones no son tolerables, ni justificables. Un ser humano tiene el deber ético, moral de controlar sus pasiones, trascenderlas y convertirse en un ser humano por encima del apetito, la sed, el instinto, la pulsión animal, la frustración, el dolor y el fracaso. Por tanto, y lo pongo en mayúsculas (para que no pase desapercibido y se diga luego que no se entendió o no se captó), NO ES JUSTIFICABLE NI PERDONABLE LO QUE EL ASESINO HIZO A SU VÍCTIMA (2) Y DEBE CAER TODO EL PESO Y RIGOR DE LA LEY CONTRA UN CRIMEN. Pero no porque la víctima sea mujer. Porque si es una atrocidad para una mujer, lo es en tanto y cuanto que el hecho de privar de la vida a un ser humano (y a cualquier ser vivo –no a los toros-) es una atrocidad. Por consiguiente, quede dicho. Y remátese que jamás tuve, ni tengo, ni tendré molestia, problema o sentido de vejación porque una mujer sea mi jefa y mande con todas las consecuencias. No toleraría que ningún hombre, ni ninguna mujer me mandasen por el solo hecho de ser obedecidos con una conciencia de vejación y superioridad.

Mientras no nos demos cuenta que el mal, la violencia, la vejación son lo que son no por otra cosa más que por su esencia y no por la cualidad de quienes la sufren, se cometerán toda clase de agravios comparativos que terminarán generando un círculo sempiterno de violencia, agresión, rabia, despecho, odio, deseo de revancha, etc., etc., etc.

Por respeto a la libertad de expresión pongo seguidamente el artículo del Sr. Sostres (retirado, prohibido, censurado), a disposición de todos los que tenemos el derecho a que nadie nos diga qué debemos y qué no debemos leer. NO A LA CENSURA. NO AL ÍNDICE. NO A NINGUNA FORMA DE INQUISICIÓN. Que la Fiscalía actúe, y que los ciudadanos cumplamos con nuestro deber de defender nuestros derechos.


Notas al píe:

(1)Aprovecho para invitar a que se conozca, divulgue y ahonde en la obra de mujeres injustamente olvidadas y postergadas, como en el caso de Rosalind Franklin, Marie Anne Pierrette Paulze, Marie Meurdrac, Emily Noether (ciencias); Artemisia Gentileschi, Mary Cassat, Grabielle Münter (pintura); Hildegarda de Bingen, Clara Schumann-Wieck, Lili Boulanger, Alma Mahler. Galina Ustvolskaya, Fanny Mendelssohn (compositoras).

(2)Aprovecho, también, para llamar la atención sobre formas de escribir que me parecen producto de una actitud tendente a la discriminación y la xenofobia encubierta. Yo hablaría del presunto asesino, o el presunto criminal, criminal confeso, pero jamás diría, la mujer asesina, el hombre asesino, el joven asesino (que en ciertos contextos podría asociar edad a tipos delictivos de comportamiento), el joven rumano asesino, o el joven gitano, sudamericano, marroquí, etc., que, en cierto contexto, hace asociación subliminal entre tipo de grupo y comportamiento.


EL ARTÍCULO DEL SR. SOSTRES:
El chico rumano de 21 años que ha estrangulado a su novia embarazada, también rumana, de 19, “era un chico normal”, según han dicho de él sus vecinos y conocidos. “Discutían como cualquier pareja”, ha explicado la madre de la víctima. Después de cometer el crimen –o de presuntamente cometerlo, hasta que no se celebre el juicio- el chaval, horrorizado por lo que había hecho, telefoneó a su padre a Rumanía y le mostró el cadáver de su novia muerta a través de una webcam.

Porque un chico normal de 21 años que está enamorado de su novia embarazada, es normal que pierda el corazón y la cabeza, el sentido y el mundo de vista, si un día llega a casa y su chica le dice que le va a dejar y que además el bebé que espera no es suyo.

Ni puedo justificar ni justifico un asesinato, ni cualquier forma de maltrato tenga consecuencias más leves o más graves. No pienso que haya causas morales que puedan justificar matar a alguien, ni que puedan servir siquiera de atenuantes en el juicio. Digo que a este chico les están presentando como un monstruo y no es verdad. No es un monstruo. Es un chico normal que se rompió por donde todos podríamos rompernos.
Porque hay muchas formas de violencia, y es atroz la violencia que el chico recibió al saber que iban a dejarle y que el niño que creía esperar no era suyo. No te causa la muerte física pero te mata por dentro y aquel día algo de ti muere para siempre. No justifico lo que hizo, ni creo que se pueda justificar, pero no es un monstruo: es un chico normal sometido a la presión de una violencia infinita, una violencia que no por no ser física es menos violenta; un chico que luego tuvo una reacción terrible, inaceptable e inasumible, criminal, y que no sólo terminó con la vida de su novia y la de la criatura que esperaba sino que terminó, en cierto modo, con la suya propia.

Espero que si algún día me sucede algo parecido disponga del temple suficiente para reaccionar quemándome por dentro sin que el incendio queme a nadie más. Pero me reconozco en el dolor del chico, en su hundimiento, en su caída al fondo de sí mismo oyendo las explicaciones de su novia. Me reconozco en su desesperación, muy normal y nada monstruosa: en su herida, en su desgarro. Quiero pensar que no tendría su reacción, como también lo quieres pensar tú. Pero ¿podríamos realmente asegurarlo? Cuando todo nuestro mundo se desmorona de repente, cuando se vuelve frágil y tan vertiginosa la línea entre el ser y el no ser, ¿puedes estar seguro de que conservarías tu serenidad, tu aplomo?, ¿puedes estar seguro de que serías en todo momento plenamente consciente de lo que hicieras?

Que la justicia dicte su sentencia y que sea tan severa como tenga que ser. Ante un asesinato no hay causas morales. Pero este chico no es un monstruo. Es un chico normal disparado al centro de su querer, arrancado a la vez de su novia y de su hijo, sometido a una violencia brutal que al no ser física nunca se considera pero que ahoga y machaca lo mismo que cualquier otra violencia.

Hay muchas formas de violencia. La mayoría de los que escriben y leen sobre sucesos ignoran cómo a veces el amor se convierte en escoria y en desgracia y se abraza desesperadamente a la tragedia"

http://estamoscenando.blogspot.com/2011/04/sostres-se-para-4-pueblos.html

sábado, 19 de marzo de 2011

¡¡CIUDADANOS, ES LA HORA!!




Necesitamos un movimiento ciudadano que apueste por una revisión y reforma urgente de la Constitución y con una visión internacionalista e integradora que destierre los nacionalismos.

La concepción nacionalista, como fundamento del Estado, es una de las fuentes de legitimación, que debe ser definitivamente desechada en un proceso histórico que quiere alcanzar la superación de fundamentos étnicos, y concibe al Estado como el resultado de un pacto social entre ciudadanos libres, sobre la base del conjunto de derechos universales e inalienables del ser humano, con total independencia e indiferencia de consideraciones como la raza, la lengua, la cultura local (o asociada a un rasgo racial, la etnicidad), o incluso razones históricas que hayan estructurado sentidos identitarios, o Estados sobre la base de procesos históricos.

Los procesos históricos, como tales, pueden ser alterados en la misma medida que, todos ellos, no son más que el resultado de acciones sociales, políticas y económicas, con trasfondos culturales, que han sido, que pueden y deben ser transformados por la propia voluntad del conjunto de los ciudadanos.

Cuando una razón histórica obstaculiza un proceso social, cultural, económico, político, que entiende legítimo el conjunto de la ciudadanía, no es el proyecto el que ha de ser deslegitimado, sino, por el contrario, es la razón histórica la que ha de perderse como fuente de fundamento y legitimidad. Pues que no hay otro fundamento ni fuente de legitimidad que el conjunto de derechos inalienables del ser humano, y sobre esta base, la voluntad de los mismos.

Es hora de entender que no existen referentes absolutos, externos para orientar las decisiones, acciones, proyectos de la humanidad, más que aquellos que se han objetivado como los derechos inherentes e inalienables que se derivan de una condición humana que, por otra parte, se entiende a sí misma desde su propia percepción egocéntrica (y por tanto, fuertemente condicionada por su subjetividad).
Desde este espacio de duda y contingencia, lo único coherente que puede surgir (y a lo que, por tanto, puede sujetarse toda actitud y consecuente comportamiento, acción, pensamiento y decisión), es la duda epistemológica, de la que debe derivar una ética de la prudencia, la tolerancia, en definitiva los sustentos sobre los cuales se basan y tienen razón de ser los valores democráticos.
Porque si bien es cierto que no existen referentes absolutos externos a la conciencia, sí existe el valor de la coherencia a partir de la duda. Y si no se entra en contradicción desde este punto de arranque o partida que es la duda, el camino conducente hacia los valores de tolerancia, prudencia, respeto, en definitiva, democráticos, son insoslayables.
Del mismo modo, si bien el mundo puede ser una percepción subjetiva y relativa a la percepción egocéntrica de la conciencia, no deja de ser menos cierto que las significaciones y percepciones del ser sobre sí, pueden considerarse paradójicamente objetivas, dado que parten de sí mismas, sobre sí mismas y hacia sí mismas y para sí mismas. En este sentido ¿quién mejor que el ser humano para definir sus derechos a partir de su propia percepción sobre sí mismo, sobre lo que siente a priori que le es pertinente, como la vida, o lo que le es propio como derivado de los atributos dados a la propia conciencia, como es la libertad?

Toda condicionalidad histórica, social, económica y cultural, no tiene otro fundamento y origen que la propia acción del ser humano. Y en consecuencia, ha de ser la propia acción humana la llamada a fundamentar y originar otras condiciones históricas, sociales, económicas y culturales.
Por tanto, el ser humano está facultado para proponerse a sí mismo su modelo cultural, su modelo de vida, su proyecto y sus objetivos. En este contexto y no en otro, ha de encontrarse la fuente de legitimidad y sentido de la estructuración del Estado, que no ha de ser más que el instrumento jurídico para garantizar el espacio de convivencia del conjunto de ciudadanos, que pactan libremente su integración a ese marco jurídico, y a los modelos sociales, culturales, políticos y sociales que se han propuesto. No habiendo ningún otro tipo de fundamento que un proyecto social sobre la base del derecho inalienable y consustancial (valga la redundancia) de los seres humanos como tales y como ciudadanos (sin, por tanto, necesidad de recurrir a conceptos tan discutibles y de consecuencias tan probadamente perversas, como la raza, la cultura –en este caso no la cultura como fenómeno en sí, sino la expresión cultural adscrita a un pueblo, es decir, lo étnico, lenguas propias, folclore, tradiciones, trayectoria histórica).

De ahí que, la concepción del Estado español y de Nación española, requiera de re significaciones que nos alejan totalmente de fundamentos propios del romanticismo y sus consecuentes movimientos nacionalistas, reivindicadores de Estados y naciones sobre la base de fundamentos étnicos.
Evidentemente, al no reconocer como fuentes de legitimidad semejantes fundamentos, es obvio que desestimaremos de plano las reivindicaciones que, bajo tales fundamentos, hacen los que se proclaman y se definen como nacionalistas en el ámbito de lo que hoy constitucionalmente se define como Estado español. Y por tanto, no solo nos estamos refiriendo a desestimar las reivindicaciones de carácter nacionalista de grupos tales como los nacionalistas gallegos, vascos, catalanes, valencianos, canarios, castellanos, leoneses, asturianos, incluso andaluces y extremeños –que los hay por increíble que parezca- sino que también desestimaremos de plano los fundamentos y reivindicaciones de ese mismo carácter, que reclaman y defienden los llamados nacionalistas españoles o españolistas.
Es evidente, puesto que, si resultamos coherentes, rechazaremos ese tipo de fundamentos, común a todos ellos.

El principio general que debiera inspirar, no es otro que la misma utopía de pretender un Estado global, que acoja a todos los seres humanos de este planeta, como ciudadanos/nas libres, que se vinculan en un proyecto de convivencia, basado en el reconocimiento de los derechos universales del ser humano, constituyendo un pacto de voluntades orientadas a construir, sostener y perfeccionar un marco jurídico y administrativo y una estructura social, económica, política y cultural, donde sea posible el desarrollo de cada ciudadano/na según su propio proyecto de vida.

Caben, pues, en este Estado, todo el género humano, sin distinción de lugar de nacimiento, raza, sexo, lengua, género, roles, cultura local, religión, y demás características en las que se reconoce cada identidad personal.

Es pues, uno de los primordiales objetivos, la integración de todos los Estados que hoy conforman el mapa político del planeta en un solo Estado, democrático, respetuoso de las libertades individuales y ciudadanas.

Por ello mismo, y sin perder la realidad del mapa político y los paradigmas políticos y culturales que aún dominan el escenario de la actualidad, no solo es defendible la integridad del Estado actual, definido en la Constitución, por entender que es un logro de integración frente a todas las veleidades de nacionalismos locales, sino que se debiera propugnar toda política que suponga la integración efectiva de este Estado en una unidad estatal más amplia. Por lo que es evidente que se debiera favorecer de manera firme y sin fisuras todo proyecto de unidad europea en la que habrá de integrarse el Estado español.

Evidentemente, si se define el Estado como la entidad jurídica a través de la cual un conjunto de ciudadanos libres, y en el libre ejercicio de sus derechos, pactan el modelo de organización para su convivencia, desarrollo y subsistencia, delimitan su espacio de jurisdicción, y establecen el marco jurídico que garantiza los derechos de estos ciudadanos, y la normativa con que han de regular la vida pública o social, sin otro fundamento de base que el pacto libre, consensuado, sujeto a los derechos universales del ser humano, entonces, la aspiración integradora y universalista de construir un Estado global y los diferentes pasos de este proceso, como la integración del Estado español en un proyecto de Estado europeo, vendrá, efectivamente, condicionado a que esas entidades estatales se fundamenten en los mismos criterios y sobre la base de valores democráticos.

Cualquier sociedad democrática lo es porque son sus ciudadanos libres. Y esa condición de libertad en los ciudadanos, es lo que legitima al cuerpo social resultante de ese pacto entre los ciudadanos. La sociedad política, la sociedad como fenómeno identificable jurídicamente, el Estado resultante, no puede tener otro fundamento de existencia que el pacto libre entre los ciudadanos que van a conformarla. Pacto que ha de ser coherente con los principios que la han de fundamentar, es decir, coherentes con los principios de libertad, o lo que es lo mismo, coherente con el reconocimiento de los derechos inalienables de los seres humanos (de los que la libertad forma parte esencial).

Por tanto, la legitimidad de un Estado, no ha de provenir de consideraciones que se sitúan anteriores a esa voluntad moral de los ciudadanos que se estructura bajo los únicos principios imprescindibles, como son los del derecho de las personas. Esto es, que consideraciones tales como la raza, la cultura ligada a la raza (consideraciones étnicas, entre las cuales la lengua), ancestralidad mitológica, tradición histórica, y otras consideraciones de orden romántico y valores identitarios pre-jurídicos (es decir, aquellas consideraciones identitarias no basadas en una identidad resultante de compartir -y a través de ello vincularse- la concepción del derecho universal de las personas como sujetos fuentes del derecho), todo eso, repito, no constituye fundamento legítimo para la definición y condición de esta categoría que entendemos como Estado.

Así pues, en la concepción de Estado que propongo, caben todas las culturas (sus lenguas, tradiciones, folclores, hábitos y costumbres, y demás mundo simbólico, modelos perceptivos de la realidad y sus valores consecuentes), y todas las razas, porque todo ello forma parte de la identidad de cada individuo. Por tanto, todo ello, en cuanto que parte constitutiva de su derecho, ha de tener cabida para ser, expresarse y desarrollarse, siempre y cuando todas estas cuestiones culturales no entren en flagrante contradicción y negación con los derechos universales propios del individuo, (es decir, no constituyan lesión a la libertad, la vida y demás derechos del resto de los ciudadanos).
Pero, ha de quedar suficientemente claro, que todo ello ha de tener cabida, en la medida que se reconoce como atributo del individuo. Ninguno de los valores identitarios supra-individuales, grupos conformados en torno a los mismos, ha de tener establecido ningún derecho más allá del que le es reconocido al individuo que, como tal, los expresa. Es decir, se admiten como parte de la libre expresión del individuo o ciudadano. Como parte de su derecho a la libertad. No hay otra fuente de legitimación.

En consecuencia a todo esto, ha de negarse toda legitimidad al fenómeno secesionista por razones étnico-culturales, y por tanto, ha de negarse toda legitimidad a los movimientos nacionalistas y separatistas, por considerar sus fundamentos improcedentes y no sujetos a los fundamentos que han de legitimar el Estado.
En la medida, por otra parte, que el actual Estado español, reconoce y garantiza todos y cada uno de los derechos individuales, a todos los ciudadanos que residen dentro del espacio territorial de su jurisdicción, no existe fundamento legítimo para que, ningún grupo de ciudadanos, pueda fundamentar una posición secesionista en razón de encontrarse perjudicado en la expresión de sus valores identitarios.

Del mismo modo, ha de entenderse que, si el actual Estado y su cuerpo jurídico -la misma Constitución para empezar- requiriesen de reformas (que las requieren sin duda), para ahondar y perfeccionar el sistema democrático, y en consecuencia, ahondar y perfeccionar las garantías sobre los derechos de cada individuo, constituye un derecho, y consecuentemente un deber de los ciudadanos, organizarse para lograr aquello que sea necesario para tales objetivos.
Por ello, tampoco el secesionismo, como respuesta a las imperfecciones del sistema democrático de un Estado, constituye una opción legítima y por tanto aceptable, pues supone, en realidad, una dejación de los deberes y responsabilidades cívicas, al hacer dejación clara del deber de defender y asegurar los derechos de los ciudadanos y las garantías que los aseguran, sin distinción de raza, credo, sexo, edad, etc... Tal y no otra cosa supone el secesionismo ante el resto de los ciudadanos que, no formando parte de los valores étnicos del grupo secesionista, quedarían abandonados a su suerte dentro de un Estado democráticamente deficiente.

Por todo lo expuesto, y ante la actual situación a que han llevado los movimientos nacionalistas en España, debiera surgir una corriente ciudadana, que se proponga no defender ninguna reivindicación nacionalista que suponga lesión alguna a la integridad del actual Estado definido en la Constitución. Es más, que propugnara una reforma constitucional y del marco legal que define a las actuales Comunidades Autonomías, para re significarlas como unidades administrativas, bajo un criterio de descentralización de los servicios públicos, para facilitar, agilizar y acercar las funciones y servicios del Estado a los ciudadanos. Evidentemente su fuente de legitimidad y fundamento no estará en ningún reconocimiento de identidades grupales sobre la base de la tradición histórica o la identidad cultural, o la realidad étnica. La fuente de legitimidad y fundamento ha de estar sobre la base de su capacidad operativa y eficiencia para acercar la función y el servicio público a los ciudadanos. Para el Estado que debiéramos propugnar no hay pueblos, ni razas, ni culturas. Solo hay ciudadanos y sus derechos (entre ellos está su identidad cultural y el respeto a la misma). Y estos son iguales para todo el territorio de su jurisdicción.

Es urgentemente necesario movimientos ciudadanos que reaccionen desde fundamentos distintos al nacionalismo español, neutralizando propuestas que propicien o apoyen posibilidades legales para posturas independentistas o propuestas federalistas o de tipo confederal dentro de la estructura de nuestro actual Estado. Movimientos ciudadanos que hagan una propuesta valiente por un Estado unitario descentralizado, entendiendo a las comunidades autónomas como unidades de descentralización de la administración y las funciones del Estado, como modo eficiente de acercar los servicios estatales a la ciudadanía, sin ninguna otra fuente de legitimación que una racionalización de la función estatal. No ha de hallarse, por tanto, su existencia, razón de ser e identidad, en razones de tipo étnico-cultural, ni en fundamentos de tradición histórica, ni mucho menos en el reconocimiento de pueblos o naciones, que den lugar a diferentes legislaciones, códigos jurídicos, o cualquier otro tipo de normativas y regulaciones con fuerza de ley, que desigualen las condiciones jurídicas y normativas de los ciudadanos según en qué jurisdicción territorial residan.
La proclama ciudadana debiera ser clara en este sentido: Una sola Constitución, una sola legislación, unos códigos penales, civiles, comerciales para todos los ciudadanos dentro del Estado. Un solo tipo de normativa municipal, válida para todo el territorio que abarca el Estado. Un solo régimen fiscal, un solo régimen de seguridad social y prestaciones sociales y sanitarias, un solo sistema educativo, con un mismo programa educacional para todo el territorio que abarca el Estado.
La ciudadanía debería proponerse un movimiento que clamase claramente por una reforma constitucional, en todos los artículos que fundamentan la existencia e identidad de las comunidades autónomas, en cuestiones tales como los rasgos identitarios de carácter étnico-cultural, tradiciones históricas, o la existencia de pueblos. A cambio, deberíamos proponer una redefinición constitucional de las Autonomías, como divisiones técnicas de descentralización de las funciones y servicios estatales, para su mayor eficacia al servicio de los ciudadanos.
Y sin perjuicio de posibles modificaciones del mapa autonómico (en función de la re significación que se propone), y solo por el valor de aprovechamiento de las estructuras desarrolladas por el actual sistema (para evitar mayores gastos e inversiones, sin duda gravosas para la ciudadanía), en principio se podría aceptar realizar las reformas pertinentes sobre el actual mapa autonómico. Pero debe quedar meridianamente claro que no mueve a ello, más que el aprovechamiento de las estructuras dadas. Es decir, una cuestión de orden económica. Ninguna reminiscencia de legitimar rasgos etnológicos, identidades históricas o pueblos.

TODO NACIONALISMO ESTÁ FUERA DE LA ÉTICA. TODO NACIONALISMO, EN CONSECUENCIA, ES INMORAL. TODO NACIONALISMO, POR CONSIGUIENTE, ES ILEGÍTIMO Y POR TANTO DEBE SER DECLARADO ILEGAL. LOS NACIONALISMOS SOLO HAN TRAÍDO GUERRAS Y GENOCIDIOS. EL NACIONALISMO ES LA FUENTE DE TODA XENOFOBIA. DISCRIMINACIÓN RACIAL. EL NACIONALISMO ES UNA IDEOLOGÍA PERVERSA Y PERVERTIDA…

martes, 1 de marzo de 2011

La transversalidad y el papel de las ideologías en la definición e identidad de un proyecto político.


Ha habido algunos intentos de crear partidos políticos “transversales”, en torno a ciertos temas y objetivos centrales y básicos, en los que un amplio espectro de la ciudadanía, aun procediendo de distintos entornos ideológicos, podría ser coincidente y trabajar juntos. La idea en principio no es mala, pero es absolutamente contraria a lo esencial que define a un partido político, que se estructura en torno a una ideología, que resulta de una cosmovisión de mundo, de un modo de entender la realidad total, no solo en lo concerniente a modelos económicos y sociales, sino que, y sobre todo, respondiendo a modelos morales distintos, perspectivas filosóficas y enfoques de la relación individuo-sociedad diferentes.
Por ello, cualquier idea de transversalidad dentro de un partido, no puede ser si no una contradicción cuyas consecuencias finales pasarán ineludiblemente por una pugna interna a consecuencia de los diferentes grupos ideológicos que, naturalmente, pugnarán por hacerse con el control y la hegemonía en y del aparato. Donde la frustración y sentimiento de traición a diversos postulados de cada grupo, crearán crisis cíclicas y expulsiones o abandonos. Y lo que es más, aún en el teórico caso de un hipotético funcionamiento, las distintas corrientes ideológicas terminarían por obstaculizar y ralentizar el trabajo común con sus rencillas internas.

En este sentido, y vistas experiencias concretas de fracaso o escasos resultados (algunos partidos de reciente factura y centrismos orientados por la transversalidad), cualquier proyecto político en forma de partido, si ha de preciarse como propuesta sólida, con una posición seria, responsable y que permita un paso más hacia su factibilidad, inevitablemente ha de definir unas políticas claras en todas las esferas que competen a la cosa pública y dejar bien definido el margen ideológico en el que podrá trabajarse en esa organización. Y ello, sobre todo, por respeto al ciudadano, al afiliado y para que nadie se llame a engaño y sepa desde un principio por qué lucha, por qué vota y qué puede demandar al partido desde un principio.

En estos momentos de manifiesta corrupción y perversión del sistema político, que tras sus treinta años de rodaje ha manifestado sus inequívocos límites, contradicciones y defectos, un proyecto político, al margen de cualquier ideología (dentro de los márgenes de la democracia evidentemente), no puede sustraerse a enfrentarse con la urgente necesidad de presentar una alternativa efectiva para iniciar un proceso de regeneración democrática en este país. Pero, puestos en esta línea, hay que darse cuenta que no solo se trata de crear los mecanismos para corregir las distorsiones que han permitido los casos de corrupción y un sistema de representación deficiente. Es necesario un nuevo modelo de Estado, de concepción del Estado y de su papel en un nuevo orden mundial, que se anuncia imparable, donde las fronteras nacionales empiezan a no tener sentido. Este es uno de los retos que deberá asumir un nuevo partido, que no quiera ser una versión manida de lo que ya está ofertado, desde la derecha hasta la izquierda, pasando por el centro y las radicalidades, en el mercado de lo político.

Por otro lado, como partido, deberá dar respuesta a toda una gama de problemas de toda índole que atañen al ámbito político. Un partido no puede entenderse como una organización basada en cuatro puntos de reforma del Estado, porque la sociedad demanda respuesta y soluciones a cuestiones tan urgentes como la actual y coyuntural crisis económica, que supone tener un claro programa económico y unos fundamentos que lo justifiquen. Del mismo modo, la sociedad demanda políticas sociales, de empleo, sanitarias, educacionales, de defensa, etc., y demanda prestaciones de servicios diversos, todo lo cual supone unos programas pertinentes, tras de los cuales hay una idea de realidad, de sociedad, un proyecto colectivo que conduce, no solo a resolver problemas presentes, si no a construir futuro y construirlo desde unas bases democráticas. Y todo ello está impregnado de ideología. Por lo que es imposible plantearse un partido sin sólidos fundamentos ideológicos, porque es lo mismo que decir, sin una visión, ni proyecto, ni valores que lo orienten.

Es prioritario iniciar un proceso de regeneración de las instituciones políticas y del Estado. Es cierto que existe un amplio espectro de ciudadanos de diferentes concepciones ideológicas, que reconocen este problema y que desearían trabajar en conjunto para encauzar este proceso. Es cierto que estos ciudadanos necesitan un espacio de vertebración y organización para encauzar la o las acciones políticas, cívicas pertinentes para llevar a cabo esta labor. Por ello, si bien un partido político es una identidad ideológica, que por tal, no puede acoger en su seno a diferentes concepciones ideológicas, sí puede sumarse a un movimiento ciudadano por la regeneración, si este objetivo político forma parte de su ideario y programa. Sí puede coaligarse con otras formaciones políticas para la prosecución de estos objetivos (si esas formaciones políticas son igualmente coincidentes con estos objetivos). Se puede alentar, apoyar, trabajar de modo coordinado y en conjunto por determinadas metas. En esta tesitura, y bajo esta óptica, cualquier partido que se plantee trabajar por un proceso de regeneración democrática deberá estar siempre dispuesto a todo tipo de alianzas y esfuerzos. Pero ha de quedar claro que, con ser un objetivo primordial el proceso de regeneración democrática, un partido es un proyecto político que abarca mucho más y que deberá mirar al futuro.

Tampoco significa esto, aferrarse a líneas ideológicas tradicionales, históricas, con actitud ortodoxa, como si la vida, la historia, debiera sujetarse a una idea. Porque las ideas no son estáticas y sufren procesos en la interacción con la realidad. El diálogo constante entre concepción de mundo y mundo, es un proceso dialéctico que transforma mundo e idea de mundo.
Pero ello no significa aceptar una inconsistencia cosmovisional, sino aceptar la idea de proceso, de constante desestructuración y recreación a partir de determinadas posiciones, que constantemente la historia pone a prueba, a revisión, a proceso de cambio. Las categorías concretas de análisis y definición de la realidad, su relación entre sí, incluso los modelos morales que derivan, pueden ser permanentemente desestructuradas, revisadas, modificadas. Sí, pero lo que no sufre ese proceso que las hace contingentes, (o no lo sufre en la medida y aceleración que estas categorías), es la orientación ética y el conjunto de valores que de ella derivan, y que constituyen esos principios rectores que el ser humano pretende definir como los universales de justicia (de ahí que no contingentes y sí constantes) y que, ya sea la realidad social, estructurada en un orden de castas, estamentos o clases (escenarios histórico-sociales diferentes y que corresponden a concepciones distintas de la realidad, en lo tocante a orden social), orientarán la acción política hacia la igualdad, el derecho del individuo por encima del grupo, la libertad, siempre con un sentido empático, propio e inherente a la plenitud de la conciencia.

No podemos prescindir de consideraciones filosóficas, porque ninguna acción humana puede pretenderse objetiva, instrumental, carente de un sentido, pues que tras ellas siempre hay una cosmovisión, un modo de entender y sentir la realidad. Negar esto, es correr el peligro de erigir nuestra acción como acción neutra, científica, racional, objetiva, pretendiendo dotarla de legitimidad dentro de esos parámetros. Y nada más alejado de la realidad que tal cosa. Por ello, concebir un pretendido partido instrumental, carente de ideología, al margen de todo sentido, moral o fundamentos éticos, es una falacia. Y lo que es peor, una falacia peligrosa, a través de la cual pude llegarse a justificar las aberraciones más execrables (como el holocausto, la eliminación del enemigo objetivo, etc.), bajo la apariencia de un análisis objetivo de la realidad. Creerse desposeído de toda ideología, es erigirse en un Dios, o bien en un instrumento sin sentido ni norte (porque la diferencia entre un instrumento como el cuchillo o el bisturí, no está en el instrumento en sí, si no en la mano del que lo utiliza y los sentimientos y fines consecuentes con que lo utiliza).

Otra cosa es aferrarse a concepciones ideológicas de un modo acrítico y anacrónico y asumir una certeza, sin la debida fisura de la prudente duda, o sin la actitud de la debida empatía, que nos permite y facilita entender el contexto que ha modelado y condicionado la identidad ideológica, tanto propia como la del otro, pudiendo establecerse las condiciones en las que solo es posible la tolerancia, el respeto y la convivencia.

Podemos esperar un Estado como el espacio que garantice la individualidad, la diversidad, la libertad para ello. Pero, esta expectativa y objetivo, es igualmente consecuencia lógica de una perspectiva ideológica, derivada de una cosmovisión asentada en una teorización filosófica y una consecuente formulación ética. Y no encuentra otro fundamento, sentido y legitimidad que dentro de dichos parámetros.

Por ello, cuando proclamamos un Estado laicista, un Estado fundamentado en el pacto racional entre ciudadanos (por encima de razones étnicas, religiosas, culturales, o de cualquier otra consideración identitaria de carácter etno-cultural), sin otra consideración que la declaración universal de los derechos del ser humano, y declaramos un Estado democrático, donde el individuo y solo él es el sujeto de derecho, no estamos siendo objetivos o más racionales que cualquier otra concepción para el Estado. Estamos expresando nuestro sentimiento de realidad, nuestra idea de la realidad, nuestro deseo de realidad, nuestro constructo, desde unos parámetros perceptivos, lógicos y consecuentes valores.

Por tanto, lejos de pretender erigirnos en un instrumento neutro, libre de concepciones, tenemos la honestidad de declararlas, ser conscientes de ellas y de debatirlas, defendiéndolas hasta donde la reflexión crítica lo permita o abandonándolas allí donde la reflexión revele sus inconsistencias (sabedores que la propia reflexión, incluyendo la reflexión científica, viene dominada a priori por un sentimiento de verdad que condiciona al propio proceso de reflexión. De ahí la conveniencia de la duda como principio epistemológico esencial).

Nada más falaz, y peor trampa, que la de creerse neutral, apolítico, científico, objetivo, por encima del bien y del mal, racional, instrumental, transversal, sin ideología, porque, lo que verdaderamente está haciendo aquel que así asume su percepción y pensamiento, es filtrar toda su posición ideológica, subjetiva e interesada, como un postulado objetivo y pleno de verdad, con lo cual se legitima de una manera perversa, sintiéndose un poseedor de la verdad, cuyas consecuencias sabemos, por desgracia, hasta dónde pueden llegar. No solo existe fanatismo entre los creyentes de las diferentes religiones, que poseedores de la revelación divina, no gozan de la prudente duda y de la necesaria tolerancia final. También hay quienes de la verdad divina, pasan con la misma actitud a otorgar la posibilidad de la verdad absoluta a la razón científica, o mejor dicho, a lo que ellos entienden como la razón objetiva, sin la más mínima crítica epistemológica, asumiendo sus creencias como formulaciones científicas, que ya, en la historia, han mostrado sus nefastas consecuencias, como los estudios antropométricos que “relacionaban y demostraban” que ciertos rasgos y características raciales estaban estrechamente asociados a grados de evolución o de depravación”. Ello abrió la puerta y sentó la legitimación de políticas racistas y exterminios. Podríamos también citar las consecuencias de aplicar racionalmente planes económicos racionales, que al entrar en contradicción con la realidad de la masa social sobre las que se aplicaban, entendían que lo que había que corregir no era el diseño, si no aquello de la masa social que hacía inviable el plan racional, y que supuso en la URSS la muerte de millones de campesinos. Eso sí, el plan racional tampoco funcionó, vistos los resultados finales.

Del mismo modo, nada hay más falaz, desde esta perspectiva aparentemente racional, científica, por encima de creencias e ideologías, que aquella formulación que se le deriva, y que pretende hacernos creer, que estamos ante la superación del tradicional escenario ideológico que ha dominado la escena política del último tercio del siglo XIX y la totalidad del siglo XX, es decir, las tradicionales ideologías con que se ha definido la posición de izquierda y de derecha. Lo único cierto de todo ello, son las inadecuadas fórmulas coyunturales que ambas posiciones políticas han estado aplicando para resolver problemas que están excediendo los parámetros, las estructuras, las condiciones, en definitiva, el escenario actual, que lógicamente, como resultado de un constante proceso histórico, ha variado, surgiendo la urgente necesidad de nuevos planteamientos ante nuevos problemas, ante unos cambios que anuncian una nueva era histórica y nuevos paradigmas para explicarla y afrontarla. Desde este sentido, es posible que la concepción de Estado, el orden social que se ha concebido hasta el presente, es decir, la sociedad estructurada en clases sociales, sean categorías que, en un nuevo paradigma, sufran una transformación tan grande como supuso el paso del escenario feudal al Estado nacional y el paso de la sociedad estamentaria a la sociedad de clases. Pero, hecha esta salvedad y todas las que de ella han de derivarse, una actitud de acción o reacción política, que define un modelo de innovación o conservación; una concepción gregaria, solidaria, empática como parte esencial de la concepción y acción política, frente a una concepción selectiva, orientada por los principios de selección natural, o de simple selección de los miembros sociales mejor capacitados; una concepción que parte de entender al individuo como sujeto de derecho, frente a quienes anteponen la razón colectiva por encima del derecho individual; por citar algunas de las ideas esenciales que han separado de un modo claro las dos posiciones políticas referidas, son cuestiones que aún definen y orientan los objetivos y programas políticos. Y lo hacen, no porque aún haya una sociedad y unas organizaciones políticas desfasadas. Lo hacen porque son consecuencia de dos maneras de entender la eterna relación y tensión entre individuo-sociedad, y dos objetivos que, necesariamente, han de ser complementarios, pero que se han radicado cada uno de ellos en dos posiciones políticas, a saber: pragmatismo conservador (asociado a la derecha), utopía innovadora (asociado a la izquierda).

En ambos casos (pragmatismo conservador, asociado a la derecha; utopía innovadora, asociado a la izquierda) se ha hecho con una inexactitud interesada de las partes. Por ejemplo, la izquierda ha patrimonializado como exclusivo de su campo ideológico la solidaridad social, la justicia social y la lucha contra la explotación y por las reivindicaciones sociales. Y ha asociado el tema de la justicia social y todas las cuestiones consecuentes, como derivaciones propias, exclusivas e inherentes de su modelo de pensamiento político. Patrimonializada la justicia social como propia de su discurso político, y planteando en ese mismo discurso, que solo el modo de entender la izquierda la propiedad y el orden social consecuente (colectivización o estatalización de la misma) hará posible alcanzar la justicia, niega a cualquier otra opción ideológica la posibilidad de atribuirse como propio los objetivos de justicia social y menos de lograrlos con otro régimen de propiedad.

Cualesquiera que sean los procesos sociales y los problemas subsistenciales, el nuevo orden consecuente, las nuevas estructuras, las formulaciones ideológicas dentro de un nuevo paradigma, se enfrentarán a estas mismas consideraciones básicas. Otras formas de resolverlas, otras formas de categorizarlas, otras de abordarlas, pero las dos posiciones subsistirán. Lo que no significa que subsista el marxismo, el partido comunista, el anarquismo trotskista, el liberalismo manchesteriano, o lo que es lo mismo, la forma anecdótica y coyuntural con que se ha expresado una posición u otra (y en una considerable frecuencia, con grandes contradicciones que, a veces, ha hecho pensar en el desvío ideológico o en la desaparición de la ideología).

Las ideologías no han muerto, ni se han superado. Eso es lo mismo que decir que los sentimientos han de ser superados… ¿Qué sentido tiene un mundo “supuestamente racional” sin ese motivo emocional que da sentido a toda acción? Lo que sí ha de superarse es la irreflexión y el fanatismo, la adscripción a un cuerpo ideológico a modo de fe y de dogma. La actitud acrítica, la falta de autocrítica, la tendencia a sentirnos poseedores absolutos de verdades absolutas. Debemos superar los errores posicionales, entre ellos el primero de todos, que es olvidar el diálogo entre el modelo de realidad y la realidad, que nos permitiría mayor flexibilidad y comprensión, mayor coherencia entre ideología y realidad.

domingo, 13 de junio de 2010

Acerca de Oswaldo | Oswaldo Payá

Acerca de Oswaldo | Oswaldo Payá

La trayectoria de este hombre me parece que le hace digno de todo nuestro apoyo. Por la democracia y los derechos humanos sería un gran servicio que le fuera otorgado el Premio Nobel de la paz 2010.

lunes, 7 de junio de 2010


RÉPLICA AL ARTÍCULO DE MIGUEL HERNÁNDEZ

Mi muy querido amigo Miguel Krux me solicita que cuelgue esta réplica a mi artículo y quiero darle la debida prevalencia, así es que aquí lo tenéis. Desde luego, mi enorme gratitud por su atención.

Miguel:

Comprendo tu indignación por ciertas manifestaciones "giliprogres", que por ineptidud o deliberadamente omiten la otra cara de la moneda (sobre todo, lo que verdaderamente es Hamás). Antes de entrar en mi réplica quiero dejar claro que, sin duda alguna, Israel tiene el derecho a defenderse de las provocaciones de Hamás (y de otros), y sí, me atrevo a opinar que también con medidas preventivas y militares. También parece evidente que los activistas (al menos algunos) no sólo perseguían fines humanitarios, sino la intención de ejercer presión política y mediática sobre Israel, con la finalidad a corto plazo de derribar el coto a Gaza (aspiración legítima, uno la comparta o no) y a dejar en evidencia a Israel, lo cual (lamentablemente, y con un sueldo de 9 muertos) han conseguido.

¿Porqué? Aquí es donde entro en mi réplica. Cito:
"Alguien" dijo por ahí que Israel había tenido una respuesta desproporcionada….

No sólo desproporcionada, sino también ilegal.

Vayamos por partes.

Primero: ¿La respuesta fue desproporcionada?

Está claro que el desenlace no fue ni intencionado ni esperado (lo cual se podría aducir a favor de Israel). Parece evidente que la operación fue pésimamente preparada y realizada. Errores tácticos y operativos por doquier: los primeros efectivos que bajaron al barco fueron insuficientes, lo que llevó al desbordamiento y (supongamos de momento) a la hiperreacción de éstos; en el momento de bajar por las cuerdas, los soldados llevaban guantes que primero tenían que quitarse para alcanzar sus armas cuando los "activistas" ya se les venían encima con palos (supongamos que así fue, aunque los testigos interrogados lo niegen) y encima les quitaron dos armas. Dato interesante que leí en el diario Haaretz: la unidad estaba entrenada para el comabate individual, no para enfrentarse a un gentío enfurecido (aquí se debería haber enfocado una acción antidisturbios y no antiterrorista - reconozco que a posteriori y desde el sofá, es fácil decirlo; pero Mossad había hecho un seguimiento muy cercano ya antes de zarpar los barcos ¿?).

Así que la "desproporción" se debió a una operación mal hecha ¿Con un balance de nueve a cero muertos? Así me gustaría creerlo, pero los hechos que salen a la luz no son congruentes: Si bien la stiuación de incertidumbre, pánico, etc... de las unidades especiales puede explicar muchas cosas, me choca mucho que varios cadáveres presentaran heridas de bala disparada a bocajarro, y parece que (por lo menos) un cadáver, además de tener dos balas en el cráneo, tenía dos o tres más en las extremidades ¿Pero qué pasó en ese barco? Quizá nunca lo sabremos.

Segundo: ¿Fue legal (y por extensión: legitima)?

Aparte de haber sido desproporcionada, la respuesta fue ilegal. No entro en consideraciones morales, sólo abordo la cuestión del derecho international. Israel tenía que haber esperado a que el convoi llegara a la franja de contención de las 24 millas - punto. Dentro del espacio marítimo de 200 millas, un estado tiene el derecho exclusivo al usufructo comercial, pero no de interferir en la libre circulación del tráfico marítimo. Eso sí, a una nación en estado de guerra, para ejercer un bloqueo, sí se le "permiten" maniobras militares en esa zona. Pero Israel está en guerra con Gaza/Hamás - legalmente hablando - o no? Que se defina Israel: o beligerante con u ocupante de Gaza. Pero no ambas cosas a la vez, eligiendo el estatus conveniente según la ocasión. Y en algún foro he leído - así que lo afirmo con cautela - que Israel no ha firmado la convención international sobre derecho marítimo. En una entrevista al semanario alemán Spiegel, un experto en derecho internacional resumió el aspecto legal de la operación más o menos de la siguiente manera: "Está claro que con este abordaje Israel ha traspasado una línea roja, lo que estamos discutiendo (los expertos) es si han traspasado una lína fina o gruesa."

Entrando de nuevo en la cuestión operativa de la operación y en el aspecto de legitimidad (más allá de legalidad): parece evidente (aunque los detalles queden por aclarar) que antes de abordar el barco se omitieron fases de escalación (es decir: vías alternativas que tendrían que haberse agotado antes de poder ejercer el "derecho" al abordaje): franquear el paso (medios disponibles había), destruír el timón (p.ej. para luego remolcar el barco a Ashdod), y probablemente un par de opciones más (y volvemos a las reflexiones desde el sofá...).

Estrategia israelí y sus frutos:

Sea como fuere, y aparte de valorar la proporcionalidad, legitimidad o utilidad de esta u otras operaciones, me parece preocupante esta obesesión por una estrategia (o pauta política) de operaciones / intervenciones tan arraigada en la clase gobernante. Doron Rosenblum en la sección de opinión de Haaretz describe lo que él llama el "complejo comando" de la política israelí (de Netanyahu y Barak para ser exactos):

http://www.haaretz.com/opinion/israel-s-commando-complex-1.294206

No es que a esta política comando en plan peli americana pueda achacársele toda a culpa de este chasco llamado Medio Oriente, pero agrava la situación. A largo plazo es contraproducente para Israel, y tampoco es digno de un estado de derecho moderno, por muy acosado que esté (al contrario: debería hacer todos los esfuerzos posibles para no ponerse al nivel de Hamás). Así, Israel se va "desligitimando" poco a poco, y una vez erosionada esa legitimidad hasta hoy otorgada y compartida por sus amigos / aliados, le faltará cuando en su día crea necesario emprender acciones que por sí mismas podrían ser justificables por su derecho a defenderse.

En resumen, para Israel esta operación comando acabó en un desastre total: mediático (los activistas han ganado la batalla claramente), moral (no sólo en el campo internacional, el país mismo está profundamente dividido y desesperado a raíz de estos acontecimientos) y estratégico (Turquía era el último amigo que les quedaba en la zona, Obama está harto). Un verdadero desastre, que lamento tanto por Palestina como por Israel - nación que admiro mucho, que conste.

Menos mal que el barco rezagado, que se presentó en la zona con días de retraso, fue interceptado y escoltado sin incidentes a Ashdod. (Netanyahu: Éstos han sido activistas "buenos" y no terroristas como los que iban en los primeros barcos) Modelo a seguir para las próximas embarcaciones, que se presentarán ante Gaza sin duda, y algo de esperanza.

Fdo. : Miguel Krux

miércoles, 2 de junio de 2010

DE ISRAEL, ACERCA DE LOS ÚLTIMOS ACONTECIMIENTOS…



Queridos amigos, como este tema me sangra y he soportado una estúpida manifestación fascioizquierdista y giliprogre, me atrevo a opinar….

Alguien dijo por ahí que Israel había tenido una respuesta desproporcionada….

Es calificable de desproporcionada la acción, reacción o respuesta que no se corresponde coherentemente con el texto y el contexto implicados en el hecho que la ocasiona. No creo ni mucho menos que sea posible calificar de este modo el problema que nos ocupa (el abordaje, por parte de tropas israelíes, a un barco sospechoso de portar armas para grupos terroristas que atacan efectivamente a población, ejército, territorio y bienes del Estado de Israel). Palestinos y mundo árabe (redundante), no se han cansado de decir que no dejarán las armas y de luchar hasta la desaparición del Estado de Israel. Lo que en este contexto resulta tendenciosamente desproporcionado, es llamar “masacre” a una acción militar que ¡ojo! no se realiza si no después de ofrecer reiteradamente a la flotilla “de la libertad” (ironías) hacer llegar la ayuda humanitaria que portan a Gaza, a través del puerto de Ashdod, una vez revisada la carga para evitar que se filtre armamento. En este contexto de guerra, y sabiendo la ideología y las intenciones de quienes organizan la flotilla de la “libertad” (ironía), simplemente hay que ser imbécil para pensar que no es posible que se “cuele” un arma para contribuir al arsenal de los terroristas palestinos. Simplemente hay que ser tonto, o angélico, o hipócrita y cínico. Las cosas por su nombre.

Se miente, cuando no, se es desproporcionado, cuando se oculta que Israel tiene reconocido en el concierto internacional un espacio marítimo de 200 millas náuticas, como zona económica exclusiva, y que la llamada flotilla “de la libertad” (ironía) ya estaba dentro de esa zona. Por lo que, decir abordaje pirata es desproporcionado, sobre todo si no somos tontos y conocemos el contexto, es decir, el enorme contrabando de armas perpetrado por Hamas y Al-Qeda. Es que los israelitas, para mayor abundamiento, invitan a los susodichos “cooperantes” (ironía) a llevar la carga al puerto de Ashdod para hacer un trabajo de Aduana. Como bien dice, con acertada ironía, mi amiga Patricia Garrido, “una vez entresacadas de las cajas de tiritas y vendas, las piezas para fabricar cohetes Katiushka o los cartuchos de munición de los AK-47 que los cooperantes, amablemente y de forma totalmente desinteresada, suelen dejar olvidados habitualmente en los envíos de ayuda humanitaria a Gaza”, la carga podía continuar por tierra a su destino.

Por cierto, se miente, cuando no, se es desproporcionado, cuando se habla del bloqueo inhumano de Gaza, porque es un bloqueo donde los israelíes permiten que entre, cada semana, del orden de las 15.000 toneladas de ayuda humanitaria (muchísimo más que lo que llevaban los barquitos “de la libertad” (ironía).

Se miente, cuando no, se es desproporcionado, cuando, además de omitir que no se les atacó así, de buenas a primeras, si no que se les demandó el alto, se omite que se les invitó a arribar al puerto de Ashdod. Se omite que solo fue un barco abordado, por que los cinco barcos restantes hicieron caso de las advertencias. Se omite que solo fue abordado aquel barco que, dentro de las doscientas millas de zona comercial exclusiva israelí, desobedeció el alto.
En un contexto de conflicto armado, atentados terroristas, contrabando de armas, juramento de hacer desaparecer el Estado de Israel ¿se puede considerar inapropiado un abordaje, después de haberles solicitado tres veces el alto, sin obtener respuesta? Es cierto que los israelitas hubieran podido abrir fuego sobre la línea de flotación de aquel barco y hundirlo con toda la tripulación y la carga (la buena y la mala). Y sin embargo se considera desproporcionada la opción de menor daño: abordarlo. El vídeo de la acción es incontestable. Un grupo nutrido de “¿pacíficos cooperantes”? se abalanza sobre un soldado israelí para apalearlo brutalmente, municionados de machetes y navajas, pistolas y palos. Poco para el armamento israelí, pero contundente para el pobre soldado sorprendido, que podía morir solo por el golpe de un palo. Entonces abre fuego el ejército y se producen las 14 muertes. A lo mejor, se debía preferir ver morir al soldado camarada y salvar la vida de los cooperantes enemigos ¿es lógico, no? –Ironía-

Masacre, (utilizar ese término sí que resulta desproporcionado ante lo que estamos reflexionando), hubiera sido hacer saltar el barco por los aires, con todos dentro y la carga humanitaria, y la otra, también. Pero, no, no ha sido así. Creo que hubo contención. Bastante contención, si además no omitimos interesadamente, que los heridos no fueron rematados, si no, por el contrario, enviados de inmediato a los hospitales y a los detenidos se les ha dado la oportunidad de elegir (¡horror, maldad!) entre marcharse (deportados) a sus respectivos países, o ser juzgados en Israel por actos que atentan a la seguridad del Estado (que, recuerdo, en tiempos de guerra, no ha mucho suponía la pena de muerte). Cosa que no va a ser el caso.

En esta tesitura la cadena de agresiones, guerras, conflictos, matanzas, puede no tener límite y cada uno, según dónde hace el corte de la secuencia, puede echar la culpa a cualquiera de los actores (como en nuestra guerra civil, según dónde empecemos a contar la historia, si en el 34 con la conspiración de socialistas, comunistas y anarquistas, pretendiendo echar abajo la República burguesa, para instaurar, al amparo de Stalin, el paraíso proletario, o en el 18 de Julio, cuando el famoso alzamiento… éste como echo aislado, golpe de unos militares sin contexto, o dentro de un país en que se agitaban dos fuerzas preparándose para aniquilarse mutuamente).

En la cadena de agresiones no puede haber argumento justificador. De nadie. La cuestión se resume en varias consideraciones. Para empezar, la descolonización de Palestina por los ingleses, que se hace bajo un contexto de presiones que pueden resumirse así: Al finalizar la segunda guerra mundial, había que tolerar dar a los judíos un espacio vital. Entre los motivos, además de reforzar la propaganda de los vencedores, descargar la culpa sobre una actuación más que discutible por parte de los aliados en el caso del holocausto (su omisión) y de paso, castigar la posición árabe que, en efecto, había sido pro germánica (porque siempre odiaron a los judíos). Ese odio actual no viene de la creación del Estado de Israel. Ya viene de antes (que no mientan). Tenemos que remontarnos a los tiempos de la 1ª guerra mundial. Hagamos un breve repaso del asunto: En la 1ª guerra Turquía (¡Ah! Esa que ahora se rasga las vestiduras con la maldad judía, pero no tuvo reparo en ocupar esos territorios cuando su Imperio Otomano dominaba todo Oriente Medio, aplastando cualquier sublevación árabe, sangrientamente)… Repito, Turquía fue aliada de Alemania. En aquel entonces dos fuerzas combatían por la independencia de los territorios de Oriente Medio (en manos de los turcos otomanos, insisto)… el sionismo, a punto de hacer realidad la famosa Declaración Balfour (que tiene como objetivo final un Estado israelita en Palestina) y el nacionalismo árabe, aglutinado en torno Hussein, que también se abrazaba a la alianza con británicos y franceses. Todos haciendo un frente antiturco.

Detengámonos aquí. Hasta la fecha no ha existido jamás un Estado Palestino. Mejor dicho, no ha existido un Estado Palestino de origen musulmán y de población árabe jamás. El último Estado fue el famoso Reino de Jerusalén, cristiano, creado por los cruzados y malogrado por Saladino, que anexiona el territorio como provincia de su imperio. Después nada más. Y antes del episodio del Reino cristiano, Estado como tal, solo fue el reino de Judea, liquidado por los romanos definitivamente en Masada (La Numancia judía. Los romanos sitiaron la fortaleza y cuando el asedio se hizo insoportable, los judíos se quitan la vida. 73-74 d.C.). Judea se convierte en provincia imperial (Provincia Iudaea), con procurador en Cesárea. Así es que, si hay que buscar legitimidad para un Estado en la zona, precisamente ese es un Estado judío o un Estado cristiano (según donde cada uno quiera hacer el corte secuencial de esta película o culebrón).

Pero volvamos a la historia más reciente…En este afán antiturco de la 1ª guerra mundial, y en alianza con británicos y franceses, en junio de 1916 comienza la revuelta árabe (recordad a Lawrence de Arabia). Hussein se declara rey de los árabes ese mismo año, aunque los pragmáticos británicos y franceses solo reconocen su soberanía sobre los territorios de la región de Hedjaz. Este límite señala las intenciones de las potencias europeas. Gran Bretaña y Francia pretenden conservar para sí en forma de protectorado Palestina y Mesopotamia (Irak). El informe Sykes revela con claridad ese objetivo por considerarlo esencial para sostener la hegemonía marítima, aérea e industrial de estas potencias (sobre todo la británica). Comprendiendo la situación, a los sionistas no les quedó más remedio que plegarse a las exigencias europeas si querían ver un trozo de tierra palestina asignada al pueblo judío y tener controlados a los árabes, que ya habían mostrado toda su intención de arrasar con cualquier intento de presencia judía más o menos institucionalizada.

Detengámonos de nuevo aquí. Recapitulemos. El único Estado que existió en ese territorio llamado Palestina, aparte del reino de Jerusalén, cristiano, fue un Estado judío, arruinado por las legiones romanas (En la Pascua del 70 d.C. Tito, avanzó sobre Jerusalén, capital del Reino de Agripa -su último soberano, descendiente de Herodes- con 4 legiones. Tras un duro asedio, y después de derribar las tres murallas de la ciudad, Tito entró triunfal en el "sanctasanctorum" del templo, llevándose como trofeo el candelabro, escena que puede verse en el. Arco de Tito). Podréis imaginar la cantidad de crucifixiones que tuvieron lugar aquellos días. Hubo aún focos de resistencia (el episodio numantino de Masala, que ya os he señalado), pero fue el final. A partir de allí Palestina fue provincia romana, bizantina, musulmana, turca y protectorado británico. Es importante insistir en esto para aquellos que busquen antecedentes legitimadores en la existencia de una nación o pueblo organizado como Estado, para justificar sus aspiraciones presentes. Los palestinos no tienen otra razón legitimadora que haber habitado en Palestina (o bien de origen hebreo convertidos al Islam como los marranos al cristianismo, o mestizos, u ocupantes árabes en expansión del Islam…ocupantes, invasores también). Pero, los judíos, además de haber habitado en Palestina toda la historia (al menos desde Moisés, época del faraón Ramsés II, XIX Dinastía, 1279 a.d. C), es que sí tuvieron un Estado en ese mismo territorio.

Así pues, por carta de presentación, antecedentes y fundamentos históricos, la balanza justificadora apunta sobre el pueblo de Israel por todos los costados, para darle legitimidad por encima de los palestinos musulmanes, que jamás tuvieron un Estado propio y que, de no ser hebreos, descienden de los invasores árabes que, con el expansionismo musulmán arrebatan Palestina al Imperio bizantino.

Pero volvamos otra vez a la historia reciente. El famoso acuerdo anglo-francés conocido como los acuerdos Sykes-Picot, guardaba una contradicción interna por su propia naturaleza. Francia e Inglaterra jugaron a varias bandas para asegurarse las alianzas necesarias contra los turcos. Por lo que, como hemos dicho, no sólo se pactó con los nacionalistas árabes, si no que también se pactó con los sionistas al mismo tiempo, ya que se incluye en el acuerdo dar cabida a la Declaración Balfour (noviembre de 1917), que constituye el documento sionista para dar cabida a lo que se conoció como el hogar nacional judío en Palestina. Esto chocaba frontalmente con las promesas hechas a la vez a los árabes, que daban por suyo todo el territorio liberado de los turcos, incluyendo Palestina, con lo que pretendían reconstruir el imperio musulmán de los tiempos de los Omeya o los Abbasies (toda una lección de respeto a las nacionalidades y pueblos diversos que habitan en ese espacio del Medio Oriente).

Así pues, por fin nos encontramos con el inicio de la actual situación en su forma presente: el nacionalismo árabe y nacionalismo sionista enfrentados en Palestina, aunque aún las cosas no estallarán debido a que el territorio queda bajo el control de la administración británica.

Con toda esta historia solo he querido apuntar que la causa Palestina no vale más que la causa israelita en cuanto a legitimidad sobre suelo Palestino. No solo no vale más. Vale menos, porque jamás tuvieron un Estado, y los hebreos sí, y éstos habitaron palestina antes, durante y ahora, mientras que los palestinos que hoy reivindican un Estado musulmán y la eliminación del Estado de Israel, son población invasora, que ocupa el territorio con la expansión del Islam. O es población convertida a la doctrina, la religión y la cultura del ocupante. Esa es la realidad histórica si queremos justificarnos en este tipo de argumentos.

Pero ahora vayamos más allá. Todo esto pasa por querer fundamentar un Estado en valores de carácter étnico y religioso. Y en esta tesitura, ni Israel, ni los palestinos tienen razón ninguna. El fundamento étnico, y qué decir del religioso, como base legitimadora del Estado es la lacra de nuestra historia. Una fase entendible en el pasado, en el proceso de evolución, en el paso de la manada a la tribu, que no entendía la identidad de grupo si no a partir de la consanguinidad, los lazos de familia. Que no había alcanzado la ilustración, la empatía, el pacto social, el convenio humano de voluntades libres bajo un proyecto racional, el Estado moderno, basado en el derecho y éste sobre lo intrínseco de la condición humana y no sobre lo anecdótico, coyuntural, o animal (raza, modalidad cultural para sintetizar). El nacionalismo, una vez más, nos muestra sus execrables bondades: sangre, odio, marginación, genocidio, apropiación indebida del espacio (tomémoslo en cuenta no solo para vertebrar España, si no a España con Europa y a esta con el mundo).

Deslegitimo la guerra entre ambas partes (para empezar, deslegitimo todas las guerras), porque no han sido capaces de estructurar un Estado con independencia de cultura, raza, religión, echando de las instituciones todo ese argumentario y creando un Estado capaz de aglutinar, desde la laicidad y los valores democráticos, a dos pueblos. Condeno toda forma cultura cuya visión sea negar al otro y negar el derecho del individuo. Y ello ocurre porque son sociedades que parten de considerar al individuo una pieza de la comunidad y no a él, en si, al individuo, como el sujeto de derecho al que, en todo caso, debe la comunidad servir y proteger.

A partir de todo esto, es evidente que el realismo político debe partir del odio irreconciliable y las diferencias culturales irreconciliables entre israelitas y palestinos musulmanes. Eso conduce a la posibilidad de dos Estados. Pero que no se engañe nadie. Dos Estados que es probable que, lo primero que harán, será declararse la guerra… la misma guerra, con otro estatus jurídico.
Y pese a esto, a la descalificación de partida, de ambas partes en conflicto, hemos de seguir con el realismo político. Israel es lo más semejante a nuestro mundo cultural. Es la frontera contra el Islam. Islam, para mi, significa, de partida, la mujer reducida a poco más que animal, a la definición de Aristóteles de la mujer (ser menor de edad), sujeta pues a la autoridad masculina, al servicio del hombre, con sumisión. Supone la opresión del burka. La lapidación por adulterio. Islam, para mi, supone la antítesis de los derechos universales del ser humano, del individuo, para sumirlo en una identidad que no tiene sentido en sí, si no en tanto y cuanto responde como la hormiga al hormiguero. ISLAM ME PRODUCE HORROR. No quiero ser políticamente correcto, porque por cosas de procedimiento puede llegar el día que a mis hijas, a mis amigas les toque llevar el burka para sobrevivir, y aunque soy antiabortista, puede que le toque a cualquier mujer ser lapidada por haber abortado. A ver si se dan cuenta de esto los giliprogres fascioizquierdistas, cuyo antisemitismo empiezo a creer que va más allá de un antiamericanismo, anti-imperialismo, anticapitalismo, y está en la raíz de la xenofobia que llevó al holocausto. Porque yo, para ser sincero, me abrazaría al mismísimo diablo americano, capitalismo incluido, antes que verme preso en una sociedad que, como “infiel”, cualquiera puede tener el derecho a liquidarme para ganar el paraíso de las huríes….